¿A qué venimos?

Puede que te lo hayas preguntado alguna vez… o muchas veces. ¿A qué vine a este mundo? ¿Por qué me toco esta vida? Y ahora te pregunto… ¿Por qué no?

La manera resumida en que puedo contestarte esa pregunta es: ¡A vivir! 

Venimos a vivir, con todo lo que esa pequeña gran palabra incluye, es decir, con nuestros momentos de felicidad, de tristeza, de paz y de incertidumbre, de compañía y de soledad.

Venimos a ser uno con todos, y todos uno con Dios… Deja de buscar culpables, deja de culparte. Venimos a aceptarnos unos a otros, por más difícil que parezca.

Ahora me preguntarás: ¿cómo puedo aceptar las guerras? ¿a los gobiernos corruptos? ¿a los asesinos? ¿a todas las personas que hacen daño a otras? O ¿a todas las personas que me han hecho daño?

Bueno, ese sistema, esas personas, las hemos creado a lo largo de la humanidad…. No están ahí para ser castigados por Dios o porque nosotros merecemos ser castigados. Están ahí porque, como humanidad, ha sido más fácil alimentar nuestros miedos, si, esos miedos que crean desconfianza y confusión y que hacen que nosotros, en nuestro terror por ser dañados, llenemos nuestro corazón de incertidumbre y , por lo tanto, no le damos cabida a Dios, lo alejamos, porque somos nosotros los que nos alejamos de Dios… ya que cuando atravesamos por “malos momentos” en vez de alimentar nuestra fe y compasión alimentamos nuestros resentimientos, nuestro odio, nuestras dudas… nuestra venganza. Y lo único que buscamos es una supuesta “justicia” disfrazada de dolor. Dolor que nos vamos pasando unos a otros y que no hemos buscado la manera de sanarlo, como individuos ni como sociedad.

Entonces, es más fácil criticar (juzgar) que ponerme en los zapatos del otro (compasión) y seguimos heredándonos y utilizando esta cadena de sufrimiento, de victimez y de ego que lo único que desencadena es un mundo que vive a la defensiva, esperando a que le hagan daño para responder más fuerte.

Ahora te pregunto ¿te consideras una buena persona? Si claro, no has matado nunca a nadie, a lo mejor no has odiado profundamente a nadie, no has robado con violencia nunca, vas a la iglesia todos los domingos (llevas a tus hijos para estar bien con Dios) o “cumples” con tus actividades cristianas semanalmente o vas a cuanto curso espiritual encuentres para “limpiar” tus rencores y sentir que estás más cerca de Dios, ni siquiera tiras basura en la calle porque “ya aprendiste” que le haces daño al planeta.

Pero, ¿qué tanto miedo tienes? Es decir, ¿Cuánto dolor tienes acumulado? ¿Cuánto dolor hay disfrazado de alegría en tu corazón? Esa cantidad de dolor es la que, subconscientemente, guía nuestras vidas y nos hace accionar ante el mundo. Ya que, en vez de sanarlo, lo vamos guardando, para que, más adelante, cuando volvamos a vivir situaciones desagradables podamos “defendernos” porque “ya lo vivimos”. Y entonces caminamos por la vida sin vivirla, cegados por el dolor y respondiendo en base al mismo.

Por lo que, voy a reformularte la pregunta y la voy a dividir en varias: ¿Cuántas veces has “pagado” con otras personas tu sufrimiento pasado? ¿Cuántas veces has matado los sueños de alguien, sólo porque a ti no te funcionó? ¿Cuántas veces has rechazado situaciones o personas sólo porque te recuerdan a algo o a alguien? ¿Cuántas veces has chantajeado emocionalmente a alguien? ¿Cuánto te has juzgado? ¿Cuánto has juzgado? ¿Guardas rencor? ¿resentimiento? ¿te sientes victima? ¿te amas? ¿te aceptas cómo eres? ¿aceptas a las personas que están a tu alrededor como son? ¿aceptas el amor de Dios?... ¿ERES BUENA PERSONA?

Fíjate que, a lo largo de nuestro crecimiento como humanidad, nos hemos enseñado que esa frase tiene mucho valor, pero no hemos sido capaces de entender que significa realmente… porque lo que significa para ti, a lo mejor no es lo mismo para mí. Y entonces, andamos checando quien cumple con nuestros estándares de buena persona y quien no… que pérdida de tiempo.

¿Qué esperas para Vivir? Porque si estás esperando a que todos los que te hicieron o te hacen “daño” reciban “justicia” o si estás esperando que el mundo te de lo que mereces, o que las personas cercanas a ti entiendan que están equivocadas y recapaciten… siéntate. A eso no viniste. No venimos a ser ejemplo de cuanto dolor se puede guardar en el corazón. Venimos a aprender que el dolor es pasajero y que es más importante aceptarnos, amarnos y permitirnos sentir el amor y la compasión de Dios y a demostrarnos a nosotros mismos que el Amor es mucho más valioso que el Miedo.

Viniste a sentir compasión, a ponerte en el lugar de los demás, a entender lo que han vivido, a dejar de guardar por mucho tiempo las emociones dolorosas porque nos ciegan y no permiten que veamos amor en ningún lado o a creer que ese amor es pasajero. 

Viniste a sembrar amor donde hay ego, porque, qué difícil es vivir una vida donde el ego es el rey. Es decir, imagina a una persona egoísta, hiriente, orgullosa, que siempre está a la defensiva y que prefiere hacer daño primero antes que recibirlo… esa persona ni se ama, ni ha recibido amor, su vida es regida por el dolor… ¿cómo es posible que permitamos que esos mismos sentimientos, que hay dentro de nosotros, sean los que reaccionen y entonces juzguemos, critiquemos, rechacemos? En vez de aceptar que los tenemos y llenarlos de amor incondicional para poder reconocernos en esa persona y poder reaccionar en amor, ese amor que no conoce y que va a derrumbar todas sus barreras… seguro es más fácil seguir la conciencia colectiva, ¿no?

Definitivamente es nuestra decisión verlo desde el dolor o desde el amor, es nuestra decisión reconocer y tomar la fuerza del Amor de nuestro Creador y lograr no quedarnos viviendo en el sufrimiento.

Es nuestra decisión VIVIR sin barreras, sin muros emocionales, sin dejar que sea el miedo el que dirija, porque sabemos que está ahí, pero no es importante. 

Vivamos la vida con todas sus tonalidades. Si decides pensar en positivo, y atraer la positividad a tu vida tienes que estar consciente de que va a haber emociones negativas que se van a mezclar y eso no te tiene que derrumbar ni jamás pensar que no se puede, sólo reconoce que esas emociones también forman parte de ti, pero no son las que te definen.

Te propongo hacer un ejercicio… cierra los ojos, prepárate para meditar de la manera que conozcas. Has la introducción de relajación física y espiritual que más te agrade. Toma una respiración profunda, y escoge una de esas emociones, ponle nombre (resentimiento, odio, tristeza, dolor, rabia, rechazo, abominación, inseguridad, rencor, celos, envidia, ira, incertidumbre, autoengaño, desconfianza, fracaso, abandono, culpa, etc.), ahora trae a la persona o personas o situación que generó esa emoción. Ponla frente a ti e imagina a Dios parado a tu lado, pero también parado a su lado (el mismo Dios). Observa como Dios entiende sus formas porque conoce su corazón y sabe que se siente débil y quiero que te voltees y veas a Dios entendiendo tus formas porque conoce tu corazón y sabe que te sientes débil. Ahora ve como ese Dios se vuelve uno y los baña de amor incondicional e imagina como esa persona se va haciendo pequeñita hasta que desaparece (tómate tú tiempo). Realmente lo que está desapareciendo es la emoción que esa persona o situación generó en ti. Porque es mucho más grande el amor de Dios. Al desaparecer, siente como se rompen todos los lazos, contratos, creencias, apegos, sensaciones, ilusiones, ideas, pactos, y todo lo que energéticamente te mantenía atado a esa situación y deja de tener valor emocional para ti… no se pierde el aprendizaje, solo se va la o las emociones que no necesitas para vivir. Una vez hecho esto báñate de luz y todo el lugar donde tu energía esté y prepárate para volver.

Esto es sólo un ejemplo, lo que importa es la base, por lo que la meditación la puedes hacer como quieras, mientras estés en conexión con Dios. O, como siempre he dicho, puedes buscar ayuda.

Recuerda siempre que es muy cómodo vivir siendo víctima, pero es mucho más placentero y valiente vivir sabiéndose amado por Dios.

Como siempre, es un verdadero placer seguir contando con tu presencia, y, por supuesto me encantaría saber tu opinión sobre este tema. Te espero la próxima semana.

Pidamos juntos que el Creador bañe a todo el planeta de amor incondicional y que siempre nos brinde la oportunidad de reconocernos, antes que darle valor al miedo.

Lo siento, Perdóname, Te Amo, Gracias…



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